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Pastoral del Trabajo “Al servicio de la persona y del bien común”

Al conmemorarse un nuevo 1º de Mayo, en la fiesta de San José Obrero, Día Internacional del Trabajo, nos interpela la situación actual de los trabajadores y del mundo del trabajo. Solo desde una visión humanizadora, que respete y promueva el desarrollo integral, podemos afrontar las transformaciones que la dignidad humana y la justicia reclaman desde la realidad social y laboral.

Es exigencia ética ineludible que toda la ciudadanía, y especialmente los trabajadores, participemos activamente en los cambios necesarios para alcanzar unas condiciones de vida más justas para todos. Si nos unimos y trabajamos juntos, experimentaremos que lo que nos une es mucho más que lo que nos separa.

Es por eso que también es irrenunciable tener una voz que denuncie y traslade a la agenda política, sindical y empresarial esta realidad de sufrimiento: una tasa de desempleo que afecta a familias enteras; el trabajo precario, informal y en constante aumento; trabajadores cuyo salario no les permite salir de la pobreza; una flexibilidad laboral cada vez más extendida y pensiones de miseria.

Realidad que nos interpela porque atenta contra la propuesta que Dios tiene para cada uno de nosotros, en cuanto que el trabajo es la dimensión fundamental de la actividad humana cuyo valor principal reside en la capacidad de hacer más humana a la persona, de ser cocreadores del mundo.

Iglesia por el trabajo decente

El Trabajo Decente es un concepto propuesto por la Organización Internacional del Trabajo (OIT). La primera referencia la encontramos en la Memoria del Director General de la OIT, el chileno Juan Somavía, con ocasión de su 87ª reunión, celebrada en Ginebra en junio de 1999. En las primeras páginas de este documento podemos leer, a modo de declaración de intenciones, la que a partir de ese momento va a ser la renovada posición de la OIT en relación con el trabajo: “Actualmente, la finalidad primordial de la OIT es promover oportunidades para que los hombres y las mujeres puedan conseguir un trabajo decente y productivo en condiciones de libertad, equidad, seguridad y dignidad humana”.

Al año siguiente, Juan Pablo II recogió la expresión en su discurso con ocasión del Jubileo de los trabajadores: “Todos debemos colaborar para que el sistema económico, en el que vivimos, no altere el orden fundamental de la prioridad del trabajo sobre el capital, del bien común sobre el privado. Como acaba de recordar el señor Juan Somavía, es muy necesario constituir en el mundo una coalición en favor del ‘trabajo digno’. La globalización es hoy un fenómeno presente en todos los ámbitos de la vida humana, pero es un fenómeno que hay que gestionar con sabiduría. Es preciso globalizar la solidaridad”.

La exigencia de trabajo decente no es ajena en la Iglesia. Por citar algunos ejemplos:

La encíclica Rerum Novarum del papa León XIII: “A nadie le está permitido violar impunemente la dignidad humana, de la que Dios mismo dispone con gran reverencia; ni ponerle trabajas en la marcha hacia su perfeccionamiento” (n. 30).

En Laudato si’ el papa Francisco insiste en la importancia de la dignidad del trabajo y del trabajo digno para la realización de la dignidad humana, la lucha contra la pobreza y la configuración de una sociedad que, con el trabajo de las personas, cuide la vida de todos y la casa común, realizando así la vocación humana (n. 128).

En palabras del papa Emérito Benedicto XVI, trabajo decente significa: “un trabajo que, en cualquier sociedad, sea expresión de la dignidad esencia de todo hombre o mujer: un trabajo libremente elegido, que asocie efectivamente a los trabajadores, hombres y mujeres, al desarrollo de su comunidad; un trabajo que, de este modo, haga que los trabajadores sean respetados, evitando toda discriminación; un trabajo que permita satisfacer las necesidades de las familias y escolarizar a los hijos sin que ser vean obligados a trabajar; un trabajo que consienta a los trabajadores organizarse libremente y hacer oír su voz; un trabajo que deje espacio para reencontrarse adecuadamente con las propias raíces en el ámbito personal, familiar y espiritual; un trabajo que asegure una condición digna a los trabajadores que llegan a la jubilación” (Caritas in Veritate. Punto 63).

En ese momento, Benedicto XVI llamó a formar una “coalición mundial a favor del trabajo decente”, ha dicho llamado nos hemos sumado como comisión nacional de Pastoral de Trabajadores junto a movimientos apostólicos, organizaciones sindicales, parroquias y conferencias episcopales de diversos lugares del mundo.

La iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente (ITD) impulsa y convoca el 7 de octubre de cada año a la “Jornada mundial por el trabajo decente”, trabajo que es compartido con la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Llamamos a nuestros hermanos de todas las diócesis de nuestro país a realizar reflexiones, seminarios y actividades públicas para sensibilizar y visibilizar la importancia de extender en la sociedad y en nuestra propia iglesia la defensa del trabajo decente. Creemos que la celebración de la fiesta de San José obrero este 1º de mayo es una buena ocasión para escuchar la voz de nuestros pastores.

Finalmente, para superar la situación actual, pedimos una actuación responsable y eficaz de los agentes sociales (empresarios, sindicatos y políticos), generando puestos de trabajos dignos que ayuden a humanizar a los trabajadores y les aporten los medios necesarios para vivir con dignidad, y realizar un proyecto personal y familiar estable. En este contexto, una vez más, alzamos nuestra voz, especialmente, en favor de los más afectados: mujeres, inmigrantes, refugiados, jóvenes y cesantes.


Comisión Nacional de Pastoral de Trabajadores y Trabajadoras
1 de mayo 2019

Fuente: Comunicaciones Pastoral Social Caritas


CECh, 30/04/2019

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