Monseñor Valech, un gran Pastor según el corazón de Cristo

Con gran fervor, miles de santiaguinos acudieron a despedir al Obispo, quien fue calificado por el Cardenal como “un varón bueno, justo y generoso”.

 
Viernes 26 de Noviembre de 2010
La Catedral Metropolitana estaba completamente llena de feligreses que acudieron a despedir a su Pastor, Monseñor Sergio Valech Aldunate, Obispo Auxiliar Emérito de Santiago, quien murió el miércoles 24 de noviembre a los 83 años.

Entre los asistentes a la misa de funeral, oficiada el viernes 26 de noviembre, se contaba el Presidente de la República, Sebastián Piñera, y su esposa, Cecilia Morel; el presidente del Senado, Jorge Pizarro; la presidenta de la Cámara de Diputados, Alejandra Sepúlveda; ministros de Estado; miembros del poder judicial, parlamentarios, representantes de naciones amigas, familiares de don Sergio, antiguos colaboradores en la Vicaría de la Solidaridad, trabajadores del Arzobispado de Santiago, delegaciones de colegios y un sin fin de fieles que quisieron participar del último adiós de la Iglesia de Santiago al Obispo.

Al inicio de la Eucaristía se encendió el cirio pascual, signo de Cristo Resucitado, y sobre el féretro de Monseñor Valech se depositaron el báculo, símbolo de su episcopado; la estola y ornamentos sacerdotales, además del Evangelio de Chile, transcripción que hicieron a mano los chilenos de la Buena Nueva de Jesucristo en el Bicentenario.

De puertas abiertas

“Ha partido a la Casa del Padre un varón bueno, justo y generoso; un hermano en el episcopado que, desde muy joven, respondió al llamado del Señor y no dudó en entregarle su corazón entero; un Pastor que vivió con las puertas de su oficina y de su corazón siempre abiertas para acoger a todo el que llegara; un discípulo de Jesucristo, del Hijo de Dios que vino a salvarnos a todos, en quien nunca hubo acepción de personas, fueran pobres o ricos, sanos o enfermos, fueran de una u otra ideología”, dijo el Cardenal Francisco Javier Errázuriz durante la homilía. La Eucaristía estuvo concelebrada por el Cardenal Jorge Medina; la totalidad de los Obispos de Chile; el Nuncio Apostólico, Monseñor Giuseppe Pinto; Vicarios Episcopales, el provincial de la Compañía de Jesús, Padre Eugenio Valenzuela y numerosos sacerdotes.

“Don Sergio Valech Aldunate soñaba con una Iglesia sencilla, alejada del poder de este mundo, con una prédica corta y una misericordia infinita”, destacó el Arzobispo de Santiago. Refiriéndose a su labor en al Vicaría de la Solidaridad manifestó: “¡Quién mejor que este Obispo de corazón benevolente y justo, bondadoso y valiente podría dedicarse a buscar las huellas de los que desaparecían, y a levantar la voz para exigir justicia y misericordia para ellos, sin que nadie informara sobre su paradero, y sin que nadie protegiera sus derechos, en un ambiente del cual no desaparecía el temor y la represión!”

Constructor de puentes

El Cardenal Errázuriz sostuvo que “la escucha atenta y la palabra afable, el amor a la verdad y a la justicia, y la dedicación a los que quedan al margen de la sociedad, expresiones todas de una inteligencia y un corazón alimentados por la fe, han llevado a muchos a bendecir su memoria en estos días de su deceso. Para unos, un hombre de acción con sentido común, para otros una persona conciliadora, para unos pocos, un gran político. Para los que estamos en este templo, en su Catedral, era un gran Pastor según el corazón de Cristo, un Pontífice, en el sentido textual de la palabra. Es decir, un hacedor de puentes que, así como defendió con tesón, arriesgando la cárcel, las fichas de la Vicaría de la Solidaridad y el secreto confiado, supo acoger, sin rencor alguno, a quienes en ese momento no lo comprendieron, y contribuir a acercar posiciones incluso con quienes participaron en la violación de los derechos humanos”.

Fiel al Evangelio

En relación con el Evangelio proclamado sostuvo que Monseñor Valech “jamás hizo alarde de sus buenas obras; literalmente escondía su limosna y su solidaridad. Quería imitar a san Juan Bautista: simplemente desaparecer, para que el amor de Dios, de quien provenían los bienes que entregaba, fuera conocido y apreciado en todo su valor. Él había optado por hacer resplandecer el poder silencioso de ese amor infinito, que nunca humilla cuando despierta gratitud y amor, y que siempre va acompañado de la fuerza transformadora de la cruz”.

“¿Dónde culmina nuestro amor?”, preguntó el Cardenal a los asistentes. “¿En esta tierra junto con los bienes que se corrompen, o culmina en el cielo, en la tierra de la felicidad, el amor y la paz de Dios para siempre?”. Afirmó que “si al término de su peregrinación por esta tierra respondiéramos por él esta pregunta, podríamos dar testimonio colectivo de que procuró poner en el Señor la inmensa riqueza de su corazón. En El puso su oración y su solidaridad. En El puso la riqueza espiritual y material con que fue bendecido por su padre y su familia. A Dios le entregó su vida, como Obispo, como sacerdote, y como hermano. Así llegó a ser sal de la tierra y luz del mundo como discípulo misionero del Señor Jesús”.

Al concluir la homilía afirmó: “Ante el misterio de la muerte se desvela también el misterio de la vida y por eso proclamamos reiteradamente que la última palabra no la tiene la muerte. La última palabra es Resurrección. Hacia allá ha emprendido Don Sergio su peregrinación definitiva, anhelando cielos nuevos y tierra nueva, en que toda la humanidad, encabezada por el Señor Jesucristo y por su Madre, la Virgen María, alcanzará la plenitud más anhelada”

- Texto completo de la Homilía del Cardenal Errázuriz

“Sergio, amigo”

El responso final estuvo a cargo de Monseñor Ricardo Ezzati, Arzobispo de Concepción y presidente del episcopado, quien encomendó al Padre de los cielos el alma de Monseñor Valech y asperjó sobre su féretro agua bendita.

Inmediatamente después los sacerdotes asistentes comenzaron a salir y a formar un camino por donde después transitó el féretro. En ese instante, los feligreses comenzaron a aplaudir, a cantar “Y yo el resucitaré” y a decir a su paso: “Sergio, amigo, el pueblo está contigo”.

Posteriormente el ataúd fue depositado en el atrio de la Iglesia Catedral mientras el Presidente de la República, Sebastián Piñera; María Luisa Sepúlveda, quien fuera vicepresidenta de la Comisión Valech y un sobrino, Michel Akel Valech, familiar de don Sergio dijeron unas palabras de despedida. El Presidente Piñera sostuvo: "hoy está cosechando lo que sembró durante su vida, y sólo puedo decir al pastor, al amigo, al obispo, que descanse en paz”.

Sepultado en el mausoleo familiar

Desde la Catedral, el cortejo fúnebre se dirigió al Cementerio General, pasando por la Pérgola San Francisco, donde el fallecido obispo recibió el tradicional homenaje de las floristas.

En medio de cantos religiosos, oraciones y consignas de grupos defensores de los derechos humanos, los restos de Monseñor Sergio Valech fueron sepultados en el mausoleo de su familia, tras un responso que presidió el Cardenal Francisco Javier Errázuriz. En la sobria ceremonia, en la que no hubo discursos, participaron el Cardenal Jorge Media, diversos sacerdotes, parientes del ex Obispo Auxiliar de Santiago y numerosas personas que le expresaron su póstumo homenaje.

En declaraciones a la prensa, el Cardenal Errázuriz señaló que “a Dios le parece bien” que personas como Monseñor Valech se destaquen, “que sean realmente como una luz para los demás”. Agregó que tenía una personalidad “muy de Dios, muy sincera, muy justa, muy bondadosa, que no quiso nada para él”.

Biografía

Nació en Santiago el 21 de octubre de 1927.
Hijo de Antonio Valech Haddad y Mercedes Aldunate Lazo.
Estudió en el Seminario de Santiago y en la Facultad de Teología de la Universidad Católica de Chile.

Ordenado sacerdote el 28 de junio de 1953 por el Card. José María Caro, Arzobispo de Santiago.

Vicario cooperador parroquial. Vicario ecónomo de Lo Negrete. Director de la Casa del clero. Profesor en el Seminario de Santiago. En el Arzobispado de Santiago ha sido, sucesivamente, Pro-Secretario, Administrador de bienes y Vicario general. Canónigo de la Catedral. Renunció a esta dignidad en julio de 1995.

Pablo VI lo eligió Obispo titular de Zabi y Auxiliar del Cardenal Raúl Silva Henríquez, Arzobispo de Santiago, el 27 de agosto de 1973.
Consagrado en la Catedral de Santiago el 18 de octubre de 1973 por el Cardenal Raúl Silva Henríquez, Arzobispo de Santiago. Co-ordenantes principales: Monseñor Emilio Tagle, Arzobispo-Obispo de Valparaíso, y Monseñor Fernando Ariztía, Obispo titular de Timici.

Lema episcopal: Evangelizare pauperibus.

Se desempeñó como Obispo Auxiliar de los Arzobispos Raúl Silva Henríquez, Juan Francisco Fresno, Carlos Oviedo y Francisco Javier Errázuriz. Vicario general, 1983. Vicario de la Solidaridad, 1987-1992. Vicario de Pastoral Social, 1992. Administrador Apostólico sede plena del 13 de febrero 1997 a 18 de mayo de 1998. Vicario general y Moderador de la curia arzobispal, 1990. En enero del 2003 Juan Pablo II le aceptó la renuncia que había presentado por razón de edad. Reside en Santiago.

Servicios solicitados:
Por encargo del presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle integró la Mesa de Diálogo entre civiles y militares para ayudar a encontrar las víctimas de los atropellos a los Derechos Humanos, cuyo informe fue entregado al Presidente Ricardo Lagos el 13 de junio de 2000.

Presidió la Comisión Asesora para la Calificación de Detenidos Desaparecidos, Ejecutados Políticos y Víctimas de Prisión Política y Tortura, conocida como “Comisión Valech”, creada el 26 de septiembre de 2003.

Murió el 24 de noviembre de 2010 a los 83 años.

- Texto completo de la Homilía del Cardenal Errázuriz
- Libro virtual de condolencias

Fuente: DOP www.iglesiadesantiago.cl
Santiago, 26-11-2010
Audio: Audio de la homilía del Cardenal Errázuriz
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